«Llamó a los que él quiso y vinieron a él» (Mc 3, 13).

 Vocaciones
  
«Llamó a los que Él quiso y vinieron a Él» (Mc 3, 13).

Una Misión en la Iglesia para el mundo

Julio Chevalier, fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón, centrado en las realidades de su vida diaria, empezó a ver con claridad los males de la sociedad, y conmovido, les respondió desde la perspectiva de su espiritualidad personal influenciada por la Iglesia de su tiempo. Nos referimos a una espiritualidad centrada en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y en su propio corazón.

Para Julio Chevalier, la devoción al Sagrado Corazón era el compendio de toda la vida cristiana. El Corazón de Cristo representa toda su persona, su Amor por los hombres y mujeres. Lo que más le atraía de Cristo era su compasión por la humanidad, su misericordia, su valor y fortaleza, simbolizado en la figura del Buen Pastor. Estos son los aspectos que intentan vivir los que compartimos su carisma.

Él creía que el misterio del amor personal de Cristo, simbolizado por su Corazón, podría despertar el amor dormido en el corazón de la gente de su época que vivía en indiferencia religiosa.

Los Misioneros del Sagrado Corazón hemos recibido del Señor, a través de nuestro fundador, P. Julio Chevalier, la responsabilidad y misión de ser el Corazón nuevo que el mundo necesita, así como hacer presente y visible a toda la humanidad el amor de Dios que hemos conocido y experimentado, y que está simbolizado en el Corazón de Jesús.

Estamos invitados a ser hombres con profunda vida de unión con el Corazón de Jesucristo, por medio de la oración, la vida de comunidad y la celebración gozosa de los Sacramentos de la Iglesia; a ser hombres que estemos en contacto con la realidad y profundidad de nuestro corazón. Esto es una clave y un reto que tenemos para experimentar el amor personal de Cristo por nosotros.

Desde la profundidad y autenticidad de nuestro ser, como nuestro Fundador, la Iglesia nos invita a ser bálsamo y caricia para nuestros hermanos, conscientes de nuestras limitaciones y nuestros defectos, pero contando siempre con la misericordia del Padre.

Una tarea y Un Camino

“Corazón” significa lo más profundo, más personal, más íntimo de la persona. Se refiere a nuestros pensamientos, deseos, sensaciones, anhelos e inclinaciones profundas. Se refiere también a nuestro carácter, disposiciones y actitudes interiores. Nuestro “corazón” es el núcleo de nuestra personalidad, y el centro dinámico apasionado de nuestro ser; la fuerza vital que nos anima, inspira, e impulsa.

La Espiritualidad del Corazón regala al mundo y a la Iglesia hombres y mujeres que vivan desde su corazón, y estén constantemente alimentados y nutridos de la pasión del fuego en las profundidades de su ser. Hombres y mujeres que estén vivos en su corazón. Gente en camino de la peregrinación hacia su corazón que puedan insuflar esperanzas a un mundo sin esperanza, amor a un mundo sin amor. Personas que puedan seguir a Cristo que “amó con un corazón humano”; personas que puedan ser auténticamente humanas, como el Hijo de Dios; personas que sepan vivir y servir desde sus corazones para que el Amor del Corazón de Dios se pueda experimentar dentro de los corazones humanos.

Una Respuesta

Muchos son los males que rodean y amenazan nuestro mundo. Muchas son las situaciones de dolor y desánimo de los hombres y mujeres de nuestra época. Sin embargo, también hay signos de esperanza cuando contemplamos un cúmulo de personas que sueñan, diseñan y trabajan por la construcción de la civilización del amor.

Los M.S.C., invitados por nuestro Padre Fundador Julio Chevalier, seguimos el rastro de luz y paz de Jesucristo, quien tiene un Corazón capaz de amar hasta el extremo y de darlo todo por nosotros, sus hermanos. En nuestra sociedad, los M.S.C. queremos ser el corazón que acoge, consuela y comparte. Ésa es la misión que la Iglesia nos encomienda.

“Jesús lo miró con cariño y le dijo: -Una cosa te falta: vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme”.