Ambos vicarios fueron sus dos primeros miembros. El P. Chevalier cumplió su promesa a María, honrándola con el título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Su primera residencia fue un pajar abandonado.
Pero sus metas iban más lejos. En años sucesivos nacerían la Congregación de Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón (1874), la de los Sacerdotes (seculares) del Sagrado Corazón y la Tercera Orden del Sagrado Corazón, llamada más tarde Fraternidad Seglar MSC o Laicos MSC, como se la conoce en la actualidad. En 1900, el P. Humberto Linckens, MSC, fundará la Congregación de Misioneras del Sagrado Corazón de Hiltrup. Todas estas fundaciones llevan el mismo espíritu y viven el mismo carisma de los Misioneros del Sagrado Corazón.
Si la idea del P. Chevalier se circunscribía en un principio a la descristianizada región en la cual trabajaba, la expulsión de Francia de las Órdenes y Congregaciones religiosas y la petición del Papa León XIII de misioneros para Melanesia, fueron causa de la expansión por todo el mundo.
En vida del P. Chevalier, la pequeña semilla sembrada el 8 de Diciembre de 1854 ya era un árbol frondoso de frutos sazonados, con raíces en países como Francia, España, Italia, Holanda, Bélgica, Alemania, Austria, Inglaterra, Irlanda, Canadá, Estados Unidos, Australia, Nueva Guinea, Nueva Bretaña, Islas Gilbert, Filipinas e Indonesia. Sí, aunque parezca mentira, todo esto ocurrió durante la vida del Fundador, lo que habla muy claramente de su espíritu misionero y su servicio a la Iglesia.
Después de su muerte, en 1907, el árbol continuó ahondando y ensanchando sus raíces. Hoy día la Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón está extendida por todo el mundo.
En la década de los 70 se dio en la Congregación (a la luz del Vaticano II) y con el impulso del P. Eugenio Cuskelly, Superior General, un redescubrimiento de las riquezas de su propio carisma: anunciar y compartir el amor misericordioso de Dios, comprometiéndose en una clara opción por los pobres. Esa opción caló de tal manera en algunos de sus miembros que tomaron opciones difíciles, arriesgadas y comprometidas, llegando a entregar por ellas su propia vida.
No eran los primeros en entregar su vida por fidelidad a su misión. Todos ellos, con su opción, han escrito una de las páginas más bellas de los MSC.